Dios es Bueno

La vida puede ser dura.

No importa quiénes somos, todos experimentamos dificultades en algún momento y el grado de severidad de la vida difiere mucho de persona a persona. Mientras lees esto, muchos en todo el mundo están experimentando realidades tristes y otras hasta desgarradoras.

En cada época de nuestras vidas, en cada lugar de nuestra existencia, hay tensión y a veces conflicto. Desde la desgarradora realidad de perder seres queridos hasta inconvenientes sencillos como las bebidas que esperábamos calientes y que  recibimos frías o las metas que no logramos en nuestros estudios, todos son cosas que nos aseguran que la vida es complicada.

Cuando aparecen las dificultades de la vida, anhelamos explicación. No cesamos de buscar significado al enfrentar dificultades y el dolor. Esta inclinación es parte de lo que nos hace lo que somos. En consecuencia, nuestras  disposiciones a veces nos hacen responder al dolor de maneras que  pueden causar más dolor.

Pero siempre hay esperanza.

Podemos estar afligidos, pero no vencidos; Perplejos, pero no conducido a la desesperación; Derribados, pero no destruidos al llevar siempre el recuerdo de la vida y muerte de nuestro señor, para que también se manifieste en nosotros como se explica en 2 Corintios 4: 8-10.
La vida nos es difícil por muchas razones, pero a través de ellas todos somos hechos más a imagen de Dios quien es más grande que toda dificultad y  victorioso sobre cada dolor. Todas las tragedias, dolores e iniquidades de la vida deben elevar nuestra mirada al día en que las dificultades pecaminosas de la vida serán quitados y las tensiones formativas de la vida sólo nos guiarán hacia la bondad y gloria de Dios. Debemos esperar y desear el día en que nuestro anhelo de sentido será plenamente y finalmente satisfecho. Solo a través de una vida digna y honorable podemos satisfacer nuestra labor con nuestros semejantes y sólo a traves de Cristo podemos alcanzar la gloria de Dios. Un proverbio popular dice que “vivir no es esperar a que pase la tormenda sino aprender a bailar bajo la lluvia”. Dios nos ha dado privilegios y bendiciones que a veces fallamos en identificar, pero que están ahí  sencillamente porque Dios es bueno.